marzo 3, 2024

El politólogo Marcelo Silva y la socióloga Marité Zegada hacen un balance perentorio luego de las movilizaciones registradas en el país.

POR PABLO DEHEZA

El trauma de los bloqueos, otra vez. Imagen: COLOR RADIO SOBERANÍA CBBA

Fuente: La Razón

El Punto Sobre la i

El país volvió a pasar, nuevamente, por la dura prueba de los bloqueos de carreteras, esta vez con las barricadas concentradas en el trópico cochabambino. Se generó una crisis coyuntural que ocasionó millonarias pérdidas y tensionó a la ciudadanía. Más allá del recuento de los daños materiales, quedan también los resultados políticos que emergen a partir de las barricadas.

Con el propósito de desentrañar lo sucedido en días pasados con las movilizaciones y ver qué se puede apuntar a modo de corolario, conversamos con el politólogo Marcelo Silva. También le pedimos su perspectiva a la socióloga María Teresa Claure, quien gentilmente nos hizo llegar el texto incluido en la página a continuación.

El politólogo, Marcelo Silva, inicia su análisis orientándose a señalar lo que el conflicto evidencia de los grupos protagonistas. “Me parece interesante salir de esta visión epidérmica, de que éste ganó, éste dijo o no dijo, hizo o no hizo. Es necesario valorar en qué momento estamos. Me permito primero lanzar un tema que me parece fundamental: definitivamente falta todavía en el país un aprendizaje democrático, en el ámbito de entender que estamos viviendo un momento de correlación de fuerzas políticas absolutamente distintos a los que vivimos en la época de Evo Morales. Lo que nos ha planteado esta pugna y esta división en el partido gobernante, ha movido el tablero político del país a una dirección absolutamente de dispersión de fuerzas y de una inexistencia de una fuerza política hegemónica. Es una situación muy distinta a lo que vivimos en los últimos catorce o quince años de la hegemonía del MAS en el país, de la aplastante mayoría política, tanto en las calles, en la opinión pública y en las esteras institucionales. Entonces, las actitudes que estén enmarcadas en ese ámbito de la vieja lógica quedan obsoletas y fuera de tono”, afirma.

En su criterio, “estamos en un momento donde probablemente los acuerdos políticos, las negociaciones, la capacidad que tengan los actores de llegar a ciertos consensos, ciertos acuerdos, sea una ruta mucho más efectiva que la ruta que se vivió con los bloqueos. Y esto no solamente es una reflexión para los oficialismos, la facción de Evo Morales y la facción de Luis Arce, sino también para las oposiciones, que indudablemente, necesitan un aprendizaje democrático que va a tener un punto de expresión fundamental en la Asamblea Legislativa Plurinacional. Esta instancia vuelve a ser la instancia más importante de la definición de temas, como lo fue otrora. Habrá que preguntarse cuánto de aprendizaje democrático puede existir en las fuerzas políticas que hoy día conforman este escenario de decisiones. Yo veo en este conflicto, lamentablemente, una incapacidad para la negociación, un anquilosamiento que ha tenido el MAS en sus dos líneas actuales, evistas y arcistas. No necesitaron negociar en los últimos catorce o quince años y hoy en día se les hace realmente difícil. Los actores de la oposición también parecen haber perdido lucidez en el ámbito de la negociación, para destacar o sacar ventajas políticas”.

Intereses

Con todo, y más allá de las buenas intenciones, hay de por medio una disputa por el poder en extremo descarnada. Al respecto, Silva sostiene que “vamos a entrar a un proceso donde el interés político de que al gobierno le vaya mal, va a ser un elemento de mayor consenso entre las fuerzas políticas de oposición. Y entre ellas, hay que contar como principal fuerza de oposición al evismo. Es muy interesante ver que lo que ha logrado Evo Morales con este bloqueo, que no ha sido del todo contundente tampoco, pero que tuvo la consecuencia de doblar un poco el brazo al gobierno, es mucho más de lo que han conseguido las oposiciones políticas tradicionales; ya sea Creemos o Comunidad Ciudadana. Eso significa que, muy probablemente, este escenario que hemos vivido en el bloqueo reciente, se repita con mayor frecuencia en 2024 e inclusive en 2025, porque dentro del cálculo político frío, realista, un gobierno al que le vaya mal le permite al resto de las fuerzas políticas tener una mayor opción de reposicionamiento. Inclusive, de una mejor postura en el ámbito del discurso, de las promesas, de las propuestas de salvación, de mejora, etcétera. Si hay un gobierno al que le va bien, puede mantener ciertos lineamientos que probablemente conviertan al electorado en uno conservador. Los electorados se vuelven muy volátiles cuando hay escenarios difíciles”. El politólogo prosigue señalando que “en un análisis muy realista, hay ciertos intereses que pueden confluir en el sentido de que al Gobierno le vaya mal, muy mal, lo cual les podría dar una chance para un mejor perfil y una mejor opción política a diversas fuerzas de oposición. Probablemente el sueño de Evo Morales sea aparecer como el salvador o el gran gobernante estabilizador de los últimos años. Las oposiciones podrían copiar o sostener un discurso parecido al de Javier Milei, diciendo que van a sacar al país una profunda crisis. Por lo tanto, me parece que esto no va a ser sólo por ahora, sino que va a ser reiterado a lo largo de 2024 y 2025. O sea, hay una circunstancia deliciosamente servida como para generar momentos de crisis. El censo es uno de los elementos en juego y sus resultados, a partir de los cuales debe darse la redistribución de recursos. En el caso de las elecciones judiciales, veremos si se llega a un acuerdo para la selección de los candidatos habilitados. El problema no está sólo en el ámbito de la convocatoria, el problema va a estar en elegir con dos tercios a los que van a ir como candidatos. Va a ser un parto difícil. En medio de todo esto, el tema económico es el central, y que es apreciable también como un elemento importante para generar ciertos momentos políticos”.

Derivas

La dureza con que las posiciones son explicitadas por buena parte de los diferentes portavoces, además de altisonantes, son llamativas por el tipo de argumentación a la que apelan. Esto no pasa desapercibido para Silva. “Me parece altamente preocupante la falta de propuesta, y eso es algo que tienen en común evistas, arcistas y las oposiciones. Es indudable que el contexto político ha cambiado, pero también el económico. Esto obliga a responder preguntas centrales, que van desde el manejo del excedente económico, la redistribución de los recursos, el papel del Estado, de una mejor planificación, entre otras cuestiones. Ni el arcismo, ni el evismo, ni las oposiciones políticas, hasta ahora, se han planteado respuestas a las interrogantes que están ahí. La confrontación hasta ahora ha sido altamente destructiva en el plano de los bloques de oposición, tratando de establecer una culpabilidad del gobierno. Frente a esto, el gobierno ha tratado de defenderse de una manera muy escueta, poco argumentativa y mucho menos propositiva. Muy poco entendible, todavía. Preocupa que no exista en este momento, ni en el Gobierno, ni en el ala evista, ni en las oposiciones, una propuesta de país que mire el contexto, no solamente coyuntural. Lo que los bolivianos presenciamos, en las alocuciones de cualquiera de los bloques, es una guerra de insultos, una política de show. Pero no hemos escuchado, hasta ahora, incluso de parte de los agoreros de la desgracia que podría venir en el ámbito económico, propuestas para el país. Esto lleva a pensar, que probablemente la infertilidad para presentar propuestas derive hacia el recurso inequívoco de ir por la guerra sucia, por la descalificación, la triquiñuela, el típico altoperuanismo”, sentencia el politólogo.

El expresidente Evo Morales, jefe del MAS, y el presidente Luis Arce.

Las múltiples aristas del conflicto del MAS

(*)María Teresa Zegada es socióloga

Si alguna novedad trajo al sistema político la nefasta crisis ocurrida entre 2019-2020, fue el tensionamiento que se produjo al interior del MAS, cuando el expresidente Evo Morales renunció a su cargo y salió del país rumbo a México acompañado de sus más próximos colaboradores. Este hecho, que en su momento fue objeto de reclamo de las bases movilizadas de ese partido, hoy se traduce en una fractura, aparentemente irreconciliable, entre dos liderazgos que compiten por la candidatura a la presidencia: el propio Evo Morales y el actual presidente Arce Catacora.

El escenario político polarizado que parecía precipitarse entre oficialismo y oposición, fue rápidamente neutralizado por la acción políticojudicial del gobierno de Arce; de ahí que la crisis política se desplazó a un lugar inesperado: dentro de las filas del hasta entonces partido de unidad monolítica, MAS.

Los recientes conflictos han revelado las múltiples dimensiones de la crisis en el MAS, que analizaremos brevemente a continuación.

Debido a las características del partido/movimiento/sindicato, la crisis de esa organización política no se reduce a la disputa entre dos liderazgos y sus respectivos seguidores por la candidatura a las próximas elecciones generales, sino que ha penetrado en los poderes institucionales públicos como la Asamblea Legislativa Plurinacional, el Órgano Electoral y el Órgano Judicial; así como ha descendido hasta las dirigencias sindicales campesinas y sus bases.

Lo cierto es que la presencia contundente de dos liderazgos presidenciables, desdibuja aquella sensación que dejó el triunfo del MAS en 2020, de que este partido podía sobrevivir a su líder/caudillo y que era más importante la organización que las personalidades individuales. Hoy los sectores sociales se han alineado detrás de los dos liderazgos, que se enfrentan de manera virulenta en distintos espacios.

En primer lugar, en el escenario de la protesta callejera, que afecta de manera más directa a la población por los bloqueos perpetrados durante más de dos semanas por las dirigencias y bases campesinas afines al Evismo, exigiendo elecciones judiciales inmediatas; sin embargo, detrás de dicha demanda está presente la disputa entre fuerzas internas. La movilización ha revelado los quiebres y riesgos que supone enfrentar a las bases insertas en la sociedad civil sin la presencia de un Estado que, por encima de intereses político partidarios, ejerza su rol apaciguador y regulador del conflicto.

En segundo lugar, el espacio político más complejo es el institucional, que de hecho atraviesa por un momento crítico de deterioro y riesgo. Desde hace aproximadamente dos décadas, los órganos del Estado han sido progresivamente ocupados por el partido de gobierno. Hay claras muestras respecto al Órgano Electoral, cuya actuación fue el detonante del estallido social de 2019, y continúa bajo sospecha. Por su parte, el escenario parlamentario ha cobrado vigor desde que las alas masistas están en desacuerdo. Si bien esta es una buena noticia para la democracia porque se percibe la recuperación de la deliberación y negociación, abriendo la posibilidad a que las minorías adquieran cierta capacidad de decisión, complica la gestión parlamentaria que está expuesta a la paralización, violencia y manipulación, y consecuentemente a la ineficacia.

Ahora bien, el hecho novedoso, sobre todo durante esta última gestión institucional, es el rol que ha comenzado a jugar el Órgano Judicial, en particular el Tribunal Supremo Electoral como entidad decisoria. Esta es una señal muy peligrosa para la democracia boliviana, pues este suprapoder se convierte en el factor gravitante amparado “en los marcos de la legalidad”, poniéndose por encima del Legislativo.

El predominio creciente de la entidad judicial se reforzó con la aplicación de la justicia para neutralizar a los líderes opositores, en particular a aquellos que habían actuado en el periodo 2019-2020. Muchos de ellos hoy se encuentran presos por “causas judiciales” y otros están fuera del país. En el momento presente, dicho órgano cobra relevancia a través de la influencia que ejerce el Ejecutivo sobre las autoridades del Tribunal Supremo de Justicia, cuyas decisiones son inapelables. No obstante, el Tribunal ha sobrepasado la fecha máxima de ejercicio permitida (el 2 de enero de 2024) y sus autoridades están ejerciendo en un periodo de “auto prórroga”. Por esta razón, la aprobación de la Ley 144 de Convocatoria a Elecciones Judiciales ha sido una victoria parcial, pues todavía está en discusión la legalidad del actual ejercicio de dichas autoridades.

Finalmente, la penetración política en el campo social a través de los sindicatos campesinos, le permite al partido de gobierno mantener en apronte y movilización a sus bases, perjudicando el normal desenvolvimiento de la actividad ciudadana, por una causa estrictamente partidaria. Si nos atenemos a las normas actuales, existe un procedimiento claro para la definición de candidaturas en las organizaciones políticas, que son las elecciones primarias establecidas en la ley No. 1096. El MAS se resiste a acatar esta norma y ha optado por congresos forzados o cabildos improvisados que no han resuelto la correlación de fuerzas interna. En otras palabras, un problema particular de política partidaria, trasciende esas fronteras, se traslada a demandas más amplias y se instala en escenarios que no le corresponden sin medir las consecuencias.

En definitiva, la incertidumbre económica, las tensiones que supone la realización del próximo censo y la necesidad de cumplir con la Constitución respecto a las elecciones judiciales, están agravadas por los conflictos partidarios internos. Está en manos del propio partido de gobierno y sus factores de poder, atenuar esta situación en los marcos de la institucionalidad democrática.

 (*)Pablo Deheza es editor de Animal Político

Fuente: La Razón