marzo 4, 2024

La Justicia da 30 años de prisión para los asesinos de una madre y su hija

Las asesinaron cruelmente. El inquilino de ambas planificó todo y un albañil fue el ejecutor a cambio de $us 3.500. La intención de Gabriel Edmundo Montaño era desaparecerlas para quedarse con su propiedad. Ahora están en Chonchocoro

Fuente: El Deber

Gabriel Edmundo Montalvo Rodríguez (autor intelectual y material), y Wilfredo Luis Santos Salazar (autor material), se sometieron a un proceso abreviado en el que fueron imputados por la Fiscalía por el delito de asesinato de María Lindaura Vega Jaldín (64) y de su hija Miranda Lucía Tejada Vega (22). Ambos fueron sentenciados a 30 años de prisión sin derecho a indulto en la cárcel de Chonchocoro de La Paz.

Durante la audiencia ambos admitieron todos los hechos. Montalvo pagó $us 50.000 por un anticrético para habitar en el departamento de María Lindaura Vega. Ella, hace algunos meses, le pidió desocupar el inmueble.

La mujer no tenía el dinero para devolver el monto del anticrético, por eso le planteó un plan de pagos. Esa fue su sentencia de muerte, porque el asesino no tenía ni intención ni de aceptar el trato ni de irse. Por el contrario, quería quedarse con la propiedad, así que había que sacarlas del camino y ahí decidió que había que ejecutarlas, informaron fuentes de la investigación.

Para probarlo, el fiscal expuso hojas de papel que tenían las huellas digitales de las mujeres, y aseguró que las habían obtenido cuando ambas estaban muertas. Lo que el autor planeaba decir es que ambas, al no poder pagar el monto del anticrético, habían huido fuera del país.

Hace algunos días, un medio televisivo entrevistó al autor material, que obviamente era vecino, cuando llevaba a sus hijos al colegio. En ese momento el hombre expresó supuesta preocupación por la desaparición de la madre y de la hija. Era difícil imaginar que ese padre de familia había planificado el horrendo crimen.

Contrató al albañil Wifredo Santos, no para hacer una refacción en el inmueble antes de devolverlo, sino para cometer el asesinato de ambas por $us 3.500.

Un domingo como cualquier otro, los asesinos fueron a la casa de las mujeres. Primero convocaron a la madre, la llevaron al inmueble que estaba en anticrético, supuestamente para mostrarle las refacciones que estaban haciendo y ahí la asesinaron asfixiándola. Luego, el albañil fue a llamar a la hija, “tu mamá te llama”, le dijo.

La muchacha, exalumna del colegio San Ignacio, con una vida por delante, dejó el desayuno servido sobre la mesa, a la mascota que las acompañaba a todas partes, y caminó rumbo a la muerte. El victimario también acabó con su vida asfixiándola.

Trasladaron los cuerpos de ambas hasta Viacha. En esa acción aparece el tercer acusado, José Luís Santos Salazar, a quien se le atribuye el haber “hecho desaparecer” los cuerpos, enterrándolos en esa localidad paceña.

Sin embargo, este último implicado no se sometió a procedimiento abreviado, y asegura que es inocente, así que con la confesión de los dos sentenciados, el fiscal departamental de La Paz,William Alave, aseguró que el caso está esclarecido en un 90%. “el restante 10% se centrará en la participación de José Luis Salazar”, hermano del autor material.

A partir de la denuncia, la Policía inició la búsqueda de la madre e hija, además de la toma de declaración de los familiares, cercanos y la revisión de las cámaras de seguridad en el domicilio y zonas aledañas. Hasta ahí, el paradero de la madre e hija era todo un misterio, y surgían diferentes hipótesis.

La tarde del jueves 8 de febrero agentes policiales hallaron dos cuerpos enterrados a orillas del río del distrito 3 del municipio de Viacha, aunque no se tenía confirmada la identificación de las víctimas.

Esa misma noche, el ministro de Gobierno, Eduardo Del Castillo, convocó a una conferencia de prensa en el que informó que se trataba de María Lindaura y Miranda Lucía y que asesinadas por su inquilino (Gabriel) y otros dos cómplices (Wilfredo y José Luis).

El caso conmovió a la ciudadanía, los restos de ambas fueron trasladados a Cochabamba, donde serán enterrados.

Fuente: El Deber